
Todo empezó de verdad a principios de un junio, y empezó por mi primer amor. Creo que esta es una de las partes que más me cuesta reconocer, porque durante mucho tiempo pensé que simplemente lo hacía porque quería, pero ahora, mirando las cosas desde otra perspectiva, sé que había mucho más detrás. Yo tenía un pensamiento constante en la cabeza, si yo no hacía lo mismo que él, no le podía gustar. Quería compartir todo con él, quería estar en su mundo y demostrarle que podía hacer lo mismo que él. Pensaba que si no consumía, si no hacía lo que él hacía, quizá no iba a ser suficiente para él. Y sin darme cuenta empecé a hacer cosas que probablemente, si hubiera estado sola y hubiera pensado realmente en mí, no habría hecho.
A principios de junio empezamos a drogarnos juntos y prácticamente todos los días de aquella semana acababa consumiendo con él. En ese momento no pensaba demasiado en las consecuencias. Era algo que hacíamos juntos y, dentro de mi cabeza, incluso podía llegar a parecer algo especial porque lo compartía con la persona que quería. Pero pasaron los días, las semanas y los meses, y aquello dejó de ser algo puntual. Se convirtió en una rutina. Una rutina que cada vez necesitaba más y que terminó formando parte de mi día a día sin que yo me diera cuenta de hasta qué punto estaba entrando en ella.

Hasta que llegó un momento en el que dejé de querer salir. Me encerré en casa y podía estar colocada durante todo el día. Dejé de juntarme con mis amigos y empecé a alejarme también de mi familia. Me estaba aislando completamente y, aunque seguramente desde fuera se podía notar que algo me estaba pasando, yo estaba tan metida dentro de aquello que no sabía cómo salir. Mi vida empezó a reducirse a estar en casa, consumir y esperar a que pasara el día. Y lo peor es que yo sabía que no estaba bien, pero aun así seguía haciéndolo.
Después llegaron las paranoias y la despersonalización. Empecé a sentir cosas que nunca había sentido antes y que me daban muchísimo miedo. Era como si no estuviera completamente dentro de mí, como si estuviera viviendo mi propia vida desde fuera. Me costaba reconocerme y muchas veces tenía miedo de lo que podía pasar por mi cabeza. Ahí fue cuando empecé a darme cuenta de que eso no era para mi. Me estaba afectando de verdad y me estaba convirtiendo en alguien que ni siquiera reconocía.
Entonces decidí dejarlo. Pero dejarlo no fue tan fácil como simplemente decidir que no quería volver a consumir. Después de unos siete meses consumiendo prácticamente todos los días, pasé otros meses intentando dejarlo, pero tuve muchas recaídas. Había semanas en las que pensaba que por fin lo estaba consiguiendo y, de repente, volvía a hacerlo. Me decía a mí misma que esa sería la última vez, que ya había aprendido la lección y que no iba a volver a caer, pero acababa pasando otra vez. Y cada recaída me hacía sentir todavía peor, porque además de estar luchando contra el consumo, también estaba luchando contra la decepción que sentía conmigo misma.

Ahora llevo desde mayo limpia y estoy bien. Y sé que debería quedarme únicamente con eso, con que lo he conseguido y con que ahora estoy mucho mejor, pero hay algo que todavía me cuesta muchísimo. No sé quién era yo antes de todo esto. Cuando intento recordar cómo era antes de empezar a consumir, siento que estoy pensando en otra persona. Recuerdo a una chica que salía, que se reía con sus amigos, que estaba con su familia y que tenía una vida completamente diferente, pero me cuesta sentir que esa chica sigo siendo yo. A veces incluso me pregunto qué cosas de mi personalidad eran realmente mías y cuáles fueron cambiando durante todo ese tiempo.
Creo que una de las cosas que más me ha hecho pensar es que todo empezó porque quería gustarle a alguien. Quería ser suficiente para una persona y terminé dejando de ser suficiente para mí misma. Hice cosas pensando que así conseguiría que alguien me quisiera más, y al final fui yo la que acabó perdiéndose por el camino. Ahora entiendo que no debería haber tenido que demostrarle nada a nadie. Si alguien te quiere, no tienes que destruirte para encajar en su mundo.
No sé si algún día voy a volver a ser exactamente la persona que era antes. Y, siendo sincera, tampoco sé si quiero serlo. Después de todo lo que ha pasado, supongo que ahora me toca conocerme otra vez. Aprender quién soy realmente, sin depender de alguien, sin necesitar estar colocada para sentir algo o para escapar de lo que tengo en la cabeza. Quiero volver a disfrutar de las cosas normales, de estar con la gente que quiero, de salir y pasármelo bien sin necesitar nada más.
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