
Sabemos que una persona no nos conviene, pero miramos si está conectada. Sabemos que una canción nos va a hacer pensar en algo que queremos olvidar y la ponemos igualmente. Sabemos que abrir una conversación antigua probablemente no nos va a ayudar y aun así la abrimos.
Entonces, por qué?
Supongo que porque no siempre queremos aquello que nos hace bien. A veces queremos aquello que conocemos. Y aunque algo nos haga daño, si estamos acostumbrados a ello, dejarlo también da miedo.
Creo que también confundimos mucho la intensidad con los sentimientos. Pensamos que si algo nos hace sentir muchísimo tiene que ser importante. Y quizá sí lo sea, pero no significa que sea bueno para nosotros.
Hay personas que nos hacen sentir cosas que no sabemos explicar. Nos pueden hacer llorar, enfadarnos, ilusionarnos y volver a caer en lo mismo una y otra vez. Y a veces tardamos muchísimo en entender que echar de menos una sensación no significa que debamos volver a buscarla.
Quizá lo difícil no es saber que algo te hace daño. Lo difícil es aceptar que aun sabiéndolo puedes seguir queriéndolo.
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