
Pero, de repente, todo cambiaba. Sin saber muy bien cómo ni por qué, llegaban épocas completamente distintas. Momentos en los que no sabía qué hacer conmigo misma, en los que no quería continuar con nada y en los que aquella vida que unos días antes me parecía maravillosa dejaba de tener sentido.
Y durante mucho tiempo viví esperando ese cambio. Ese era uno de mis mayores errores. Cuando estaba en uno de esos momentos de euforia, en lugar de disfrutarlo completamente, una parte de mí ya estaba pensando en cuándo se acabaría. Me decía que aquello no podía durar. Que tarde o temprano vendría el golpe. Y, casi sin darme cuenta, empezaba a sabotear mi propia felicidad. Intentaba estar triste antes de tiempo, apagar un poco la felicidad mientras todavía la tenía, como si así pudiera hacer que el futuro doliera menos.
Pensaba que si yo misma provocaba la caída, quizá la caída no sería tan fuerte. Como si anticipar el dolor pudiera protegerme de él. Pero no funcionaba. Porque cuando llegaba el momento difícil, seguía doliendo. Y, además, había conseguido algo todavía peor, había convertido los momentos felices en momentos de miedo.

Y entonces intentamos prepararnos, intentamos sufrir un poquito antes. Pero hay algo que he ido entendiendo con los años, sufrir antes no hace que duela menos después. Solo hace que suframos dos veces. Porque el tiempo va a seguir pasando hagamos lo que hagamos.
Las etapas terminarán, las personas cambiarán, algunas se irán, otras llegarán… Habrá días increíbles y habrá días que querremos olvidar, habrá momentos en los que sentiremos que tenemos el mundo entero en nuestras manos y otros en los que no sabremos ni siquiera cómo levantarnos de la cama. Y no podemos controlar todo eso.
Durante mucho tiempo pensé que tenía que aprender a controlar lo que me pasaba para poder estar bien. Ahora creo que se trata más bien de aprender a aceptar que no puedo controlar lo que ocurre, pero sí puedo intentar decidir qué hago con aquello que me ocurre. Por eso ahora intento recordar algo muy sencillo, si hoy estoy viviendo un momento feliz, no quiero arruinarlo por miedo a que mañana deje de serlo.
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